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silvestre Predio: El Tepozán, San Antonio Tancoyol, 500 hectáreas. Tomás tiene un predio de 500 hectáreas, conocido como “El Tepozán”, en la localidad de San Antonio Tancoyol. Se trata de un área de bosque de encino donde se ha documentado la presencia de jaguar, tigrillo, ocelote, tepemiche, jaguarundi, puercoespín, ajol, guajolote silvestre, hocofaisán, rana y nauyaca, entre otras especies. Por cuidar la zona, recibió durante cuatro años pago por servicios ambientales por parte de la Comisión Nacional Forestal (Conafor).

“Hay mucho animal. Puma, ajol, venado… Yo los vi cuando vivía allá, porque me fui cuatro años a ver cómo era la vida de ranchero”. Con el dinero recibido reforzó alrededor de dos kilómetros de cerca en su propiedad para que no entrara el ganado. Además, construyó un depósito de agua. “Yo soy un fanático de la naturaleza al grado de que, cuando en el pueblo veo a alguien con resortera, me angustia. Y cuando estaba en el rancho, a pesar de que vi a los animales, nunca tuve el valor de dispararle a uno”. “Soy enemigo de tumbar árboles, de quemar basura… si yo pudiera, seguiría en el rancho y me quedaría a morir en mi campo”, dice emocionado.


silvestre Predio: Puerto de los Bueyes, Arroyo Seco, 860 hectáreas. Francisca lleva 16 años viviendo en su predio de 860 hectáreas en la localidad de Puerto de los Bueyes. Ella recibió durante tres años pago por servicios ambientales de la Fundación Gonzalo Río Arronte. “Para el lado que camine uno es un bosque maravilloso. Hay cedro blanco, rojo, enebro… ese es muy codiciado para las personas que de ahí sacan la tabla y los postes. Cuando me vieron que me vine a vivir aquí, se recataron un poco. Ya no se llevan la madera ni cortan los árboles verdes. Ahora respetan más y no como en antaño, que se llevaban incluso la palma”, cuenta.

“Con el pago que recibí pude cercar una buena parte para evitar que los animales que los ejidatarios traían sueltos se metieran a mi propiedad. El alambre es caro, y la mano de obra también. Así que ahí utilicé ese dinero”. “Me gustaría invitar a la gente que donó a que viniera a visitar esta zona. Tiene unos lugares que son santuarios de la naturaleza. Rumbo a la cueva de Los Indios es un santuario de puro enebro. Si pudieran, que vinieran, vieran lo que conservamos y pudieran dar otra ayudita”.


silvestre Predio: San Antonio Tancoyol, Jalpan de Serra, 38 hectáreas.En 2012, la empresa Bombardier comenzó a pagar anualmente una cantidad a Silvestre por el carbono que su terreno captura. “Antes tenía unas pocas vacas ahí, pero ya no. Todo se sacó cuando se empezó con el programa. Desde entonces se ha visto un cambio. Se cierra más la selva más, llegan más animalitos a comer”, cuenta. “Estoy contento, me gustaría seguir con el programa. Ojalá que nos sigan apoyando”.


Predio: "Cañada Las Avispas", San Juan de los Durán y Jalpan de Serra, 3267 hectáreas que pertenecen a la sociedad de 45 personas. Primitivo vive con su esposa, hijo y hermanos y es el Representante de la sociedad de San Juan de los Durán, dueña colectiva de más de 3000 hectáreas de unos de los bosques más importantes y prístinos de la Sierra Gorda, incluyendo oyameles, cedros y pinos. Antes, la comunidad no se involucraba en actividades de conservación del bosque. Aclaraban áreas de tierra para sembrar maíz y frijol y, ante la creciente necesidad de crear ingresos, empezaron a vender la madera del bosque e introducir ganado. Al principio, la comunidad no se daban cuenta de los efectos negativos que estas actividades provocaban en el bosque. Además, debido a la edad y densidad del sotobosque, el daño provocado a los árboles, ecosistemas y hábitats no fue inmediatamente obvio. Sin embargo, cuando vieron que los pinos empezaban a secarse como resultado de las cabras comiendo la corteza, se hizo visible el impacto de la destrucción y la comunidad empezó a preocuparse.

Entonces, y al igual que muchos en la Sierra Gorda, Primitivo y su comunidad enfrentaron una difícil elección: obtener un ingreso mínimo por la ganadería y la venta de madera o conservar sus recursos naturales y vivir en condiciones de pobreza. Ahora, con el programa de compensaciones del Grupo Ecológico Sierra Gorda, tienen una alternativa viable para vivir. La comunidad recibe pagos regulares a cambio de conservar sus tierras y por los servicios ambientales y de captura de carbono que proporcionan estos viejos bosques.

"El programa (de GESG) va a ser mucha ayuda para nosotros y para el bosque también, porque tenemos que conservarlo. Si fuera un poco más, más se puede cuidar”, dice Primitivo.


Predio: "Hoya la Ciénaga", Lagunita San Diego, Landa de Matamoros, 100 hectáreas.

Hermilo es propietario de bosque y vive con su esposa, Nicanora Servín. Antes de formar parte del programa Planeta Carbono Neutral, él y su familia vivían de su siembra, del ganado, tallaban lechuguilla y hacían mecates naturales. Pero con el aumento de la utilización del plástico la demanda de estos productos artesanales bajó y la familia acabó en la pobreza.

Tiempo después, cuando construyeron la carretera que conectó la comunidad aislada en la que viven, comenzaron a vender madera. Sin embargo,  en los últimos años los árboles fueron afectados por la plaga del gusano descortezador. “Vender la madera plagada no era negocio, solo ganan los que marcan los árboles”, dice Hermilo. Cuando se estableció la Reserva de la Biósfera Sierra Gorda, empezaron a recibir apoyos para cuidar el monte. Ahora, por proteger sus bosques reciben un ingreso que les sirve para mantenerse. El gobierno del Estado y otros donantes, a través de Grupo Ecológico Sierra Gorda, apoyan a la familia de Hermilo y a otros propietarios a cambio de que no se tumben árboles ni haya ganado u otras actividades agrícolas intensivas en el monte. "Sabemos que el bosque es vida y, si queremos agua y frescura, aire limpio y animalitos del campo, hay que mantener nuestro bosque. El árbol es el mejor amigo del hombre”, asegura.


Valentin Taurino Sierra Gorda Predio: "Los Órganos", Ribera del Río Santa María, San Antonio Tancoyol, Jalpan de Serra, 375 hectáreas. La historia de Valentín demuestra la transformación de pensamiento sobre el medio ambiente que está teniendo lugar en la Sierra Gorda.

Durante toda su vida, Valentín se ha mantenido de la ganadería y la agricultura. Cada año quemaba el monte para dar lugar a nuevos cultivos y otras actividades agrícolas intensivas. Así fue viendo cómo esas actividades destruían el bosque y él se quedaba sin medios de subsistencia. Ahora, a través del apoyo de Grupo Ecológico Sierra Gorda y sus donantes, usa sus habilidades y energía en conservar el bosque. Poco a poco, sus bosques están regresando a su estado natural y nuevamente vez están proporcionando hábitats vitales para la vida silvestre nativa. Valentín ya no tiene que elegir entre la pobreza y la conservación, y está agradecido por la posibilidad de jugar un papel positivo en la protección de la Sierra Gorda y en combatir el cambio climático. "Sabemos por la televisión lo del calentamiento de la Tierra y que cualquier quema nos daña. Yo ya estoy viejo y el apoyo que recibo me sirve mucho para sostenerme y que mi bosque se conserve”, asegura.